Capítulo 4 Bienvenida a Belcier - II

— Gracias Emma y señor Lombardi, pero no puedo, lamento rechazar su invitación pero ya casi es hora de empezar con mis tareas laborales y por ende tengo que retirarme a mi área de trabajo, además, imagino que tienen mucho de qué hablar así que prefiero darles privacidad para que se pongan al día.  

El tío Martín al escucharle sin tardar se acercó a Lina para animarla y tras colocar una mano sombre su hombro la despidió.

— De nuevo Lina muchísimas gracias, aunque no te imaginas lo que has hecho por mi hoy sin siquiera ser tu consciente de ello, ahora bien, tenlo muy pendiente por tal acto recibirás una buena recompensa de mi parte.  

— No es necesario señor Lombardi, solo eh intentado hacer algo bueno, algo correcto y ello nos ha llevado a esto.  

Lina elevando su mano izquierda para cerciorarse así de la hora mirando con atención el reloj que en su muñeca se encontraba colocado se digno a despedirse — ya debo de marcharme con su permiso, me retiro.  

Pronunció aquello con la mirada fija en aquel hombre y tras unos segundos al dirigir su mirada a mi persona por último indicó.

— Emma, nos vemos más tarde en el apartamento — y elevando su mano al aire moviéndola de un lado a otro como señal de despedida con rapidez se alejó de allí, la verdad ni tiempo me dejo para devolverle tal saludo así que simplemente se esfumo.   

— Valla que chica — comentó el tío cerca de la puerta mirando cómo se esfumaba por el pasillo.    

— Dilo fuerte Emma, Lina tiene literalmente una energía única, es como si no se le acabarán nunca las pilas.   

Tras escucharle no pude evitar reír pues hacía muchísimo tiempo que no escuchaba su innegable humor de hacer de casi toda situación un momento algo gracioso. 

— Veo que ni los años han podido cambiarte tío Martín, no tienes remedio alguno.   

— Con la edad que tengo lo dudo — y tras replicar aquello la risa también le gano.  

Luego de calmarnos la seriedad tomo la oficina y aquel aire de alegría paso a ser cambiado por una sensación de evidente pesadez, tensión y seriedad.

— Ahora que estamos solos dime algo ¿Qué te trae por Belcier? ¿Dónde están Eliot y Linsey?  

— Créame que la misma pregunta me hago yo — conteste intentando que la nostalgia no se me notara en la voz.   

— ¿Cómo? No comprendo.   

Hablar de ellos provocaba que en mi se asentara una enorme nostalgia que me llenaba de tristeza pues tras verlos desaparecer de la manera en la que lo hicieron era bastante duro para mí el hecho aun de asimilarlo.  

Ante lo más mínimo que implicara el pronunciar alguna palabra que les relacionara me hacía padecer ante la más pequeña inquietud, pero a fin de cuentas luego de guardar algunos segundos el silenció me vi en la obligación de dar una respuesta.   

— Ambos regresaron al bosque no mucho tiempo después de no haber cumplido los veintiún años, intente seguirlos pero de todas las formas posibles me prohibieron que interviniera e incluso que me acercase a la cabaña. 

Agache la cabeza no tenía fuerzas para siquiera verle a los ojos en aquel momento.  

— Créame cuando digo que en más de una ocasión entre al bosque con la esperanza de atravesar la niebla para intentar verlos, pero era inútil, a fin de cuentas terminaba perdiéndome en medio de la niebla que se forma alrededor de ella, me sentía perdida y sola tan llena de recuerdos que solo me llevaban hacía ellos, así que, en un arrebato me fui de viaje, hace poco regrese y pensé que lo más conveniente era cambiar de aires así que decidí alejarme un tanto de Venecia para establecerme aquí. 

— Sabes sí algo paso o si se ha escucho alguna noticia entre los lobos de la zona respecto a ellos — con curiosidad y miedo Lombardi refuto aquello quizás imaginando el peor de los escenarios.   

— No, estoy completamente exenta de todo, desconozco por completo la razón de su huida, ahora bien, cuando finalmente se iban ambos me entregaron el relicario que la abuela siempre llevaba en su cuello con el mensaje en específico de que con el tiempo descubriría el significado de lo que se esconde en su interior.  

Con tristeza tome mi mano derecha la lleve hasta mi cuello y tomándolo por la cadena que lo sujetaba saque aquel objeto el cual mantengo oculto la mayor parte del tiempo bajo mi ropa de la vista impropia de los demás y así con cuidado lo eleve en el aire y tras extraerlo por completo una vez en el exterior lo deposite justo sobre la palma de mi mano izquierda para admirarle y por nueva vez terminé elevando mis ojos hasta aquel hombre.

— Desde entonces se ha convertido en lo más preciado para mí, es lo único que me hace sentirles a ellos cerca.  

El señor Lombardi me miró con los ojos inundados de tristeza escuchar mis palabras habían formado un nudo en su alma, pero a pesar de ello sin dudas tal sentimiento no le impediría hablar.  

— Emma desde ahora te lo digo, eh imagino que ellos te dijeron lo mismo, debes de mantenerlo oculto a la vista de todos, aunque no lo parezca el relicario tiene un enorme valor uno que no se compra con dinero alguno. 

Verlo en mis manos provoco en el algo de inquietud, su voz ya no se escucha serena más bien paso a estar un tanto tensa, sus ojos no se apartaban porque ahora miraban fijamente el objeto que en mi mano se encontraba como analizando perdido en su propio mundo. 

Por algunos segundos más aquel guardo silencio como si intentase poner en orden sus pensamientos y tras respirar profundamente continúo volvió a hablar.

— Lo sé, se lo preciado que puede llegar a ser, era demasiado importante para ellos, pero ahora en el tiempo presente, él te afecta más que nada a ti, no puedo contarte mucho porque se poco al respecto, pero solo puedo decir que ese objeto también afecta tu futuro en el mundo de los lobos.

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