Capítulo 6 Reencuentro - II
...Eran alrededor de las cinco y treinta de la tarde y ya había empezado a caer poco a poco la noche así que eh de admitir ante nada que soy muy curiosa lo cual me lleva casi siempre a estar envuelta en uno que otro problema y por lo mismo guiada por tal sentimiento decidí que en vez de tomar un taxi hasta Vinchenzo caminaría tranquilamente pues ya sabía con claridad el camino que debía de tomar para regresar a casa.
Lina tiempo antes tras una de nuestras salidas se había encargado de hacerlo de mi entero conocimiento cosa que le agradezco, así pues, empecé mi travesía que calculando la distancia estimaba que no me llevaría más de veinte minutos máximo claro tomando el atajo.
Así pues, empecé a andar tomando en primera instancia la calle principal que da la vuelta en toda la redonda a aquella ciudad y empecé a distinguir aquellos detalles que hacen de tal vista única en el mundo.
Su figura y forma al detallarla podría llegar a compararla incluso con la vieja Transilvania porque como la tal, Belcier yace rodeada de viejos castillos creados desde sabrá Dios que siglo, enormes montañas, espesos bosques, casas de apariencias inusuales rodeadas en su máxima expresión por un sentimiento oscuro y tétrico donde abundan misteriosas historias de desapariciones de personas llevadas a cabo por seres lo más parecido a perros gigantes.
Aunque Belcier a diferencia de Transilvania es mucho más colorida y ruidosa lo que forma un contraste algo opuesto claro sin quitarle belleza ni a una ni a la otra y fue gracias a esto lo que me llevo a deducir en medio de aquellas palabras algo en lo que hasta el momento no me había puesto a pensar.
— Y bien entonces ¿Dónde están?
Aquella pregunta resonó con fuerza en mi cabeza, era la que con más peso quizás me había hecho en la vida, la cual a ciencia cierta se repetía una y otra vez tras darme cuenta de que durante los días que llevaba ya en tal ciudad no había sentido ni la más mínima presencia animal.
Vamos ninguna esencia de lobo había sido detectada por mí en el aire cosa que era imposible pues para ser tan enorme, a más de uno hacía rato debía de haber ya descubierto pues somos como cual plaga habitando el mundo.
Sumergida en tal dilema camine inmersa completamente en mis ideas sumamente concentrada hasta el punto tal que inclusive el tiempo parecía haber transcurrió rápidamente ya que sin ser consciente de ello arribe justo a la zona a la cual me dirigía.
Emocionada a sabiendas de que probablemente estaba a punto de alcanzar mi independencia me acerque hasta la zona del atajo pensando que simplemente no había peligro, aunque era consciente de que Lina me había advertido de que no debía de atravesar sola aquel pasillo entre los edificios que conforman el atajo pues el riesgo de chocar contra algo de temer y de lo que no me pudiera defender estaba latente.
— Si tomo el camino largo será muy tedioso y si le atravieso en poco menos de cinco minutos estaré frente a Vinchenzo.
Replique pensando de forma ardua por lo que así sin más me cuestioné buscando tomar cual decisión debatiéndome entre una u otra opción buscando de igual manera convencerme de que la verdad nada me pasaría, estando más que nada confiada hasta que finalmente dentro de mi cabeza murmure.
— Lina, temo que hoy te desobedeceré.
La verdad no iba a pasar demasiado tiempo para que me arrepintiera de tal decisión pues la propia vida más tarde me reclamaría por mi imprudencia.
Cuando ya me encontraba acercándome próxima al pasillo acepté en gran medida con mi poco de desconfianza que le recorrería con seguridad pues según yo no había nada que temer.
Serenamente realizando cuales sutiles pasos me encontraba cuando no muy bien llegando casi a la mitad de aquel pasillo un sentimiento de ante todo tensión se adueñó de mi ser, por un momento me detuve en seco tomada por el miedo y la preocupación tras observar a un lado en una de las paredes un nombre que me estremeció por completo.
Las palabras “Grohbiet manda” en tinta roja se encontraban perfectamente escritas en aquella pared blanca.
Más que palabras aquella representa un nombre y no uno cualquiera sino el nombre de una de las manadas más sangrientas que se alojan en los límites a la redonda.
Aquello no podía ser y me negaba a aceptar que en verdad lo estaba contemplando ya que, aunque para los demás que lo observasen podía pasar como cual echo desapercibido en realidad tenía un significado y un valor bastante aterrador de por medio.
— ¿Como rayos llego esto aquí?
Me cuestionaba una y otra vez mientras un incómodo sentimiento de miedo me recorría pues en más de una ocasión había atravesado a aquel lugar pero aquello nunca había sido visto por mis ojos.
Tal sentimiento me hizo voltear hacia todos lados la cabeza desesperada y ante todo desconfiada pues temía que alguien pudiera haberme visto eh intentase hacerme daño por lo mismo temía eh incluso imaginaba que probablemente quien fuera se encontraría quizás observándome con malicia.
Pero no, encima de que no llegue a sentir ni a ver a nadie próximo ni oculto en aquel callejón lo más justo que se me hacía era salir de allí pues no me iba a quedar a esperar a que el culpable volviese, así que tras dominar mis impulsos empecé a caminar nuevamente y con rapidez para alejarme.
— En que carajos me eh metido.
No dejaba de replicar, de todas las formas posibles buscaba dar con alguna razón lógica pero hasta el momento era algo que era completamente incierto para mí y a lo que no le veía sentido ya que tal manada suele encontrase en lo más recóndito del bosque, las ciudades nunca fueron una opción para ellos por lo que no veía eh insisto el porqué de tal nombre allí.
Así fue que sin tener otra opción salí despedida corriendo a toda prisa buscando alejarme de todo aquello y tanto era mi incomodidad que incluso perdí el control ante mi exaltación.
Corrí tanto como pude hasta llegar a la acerca donde me encorvé casi de inmediato tras colocar mis manos a nivel de mis rodillas buscando la forma más cómoda de descansar de tal agonía.
Así que ya aliviada al encontrarme finalmente rodeada de personas respiré profundamente mientras los ojos de aquellos transeúntes eran clavados haciendo un evidente juicio contra mi persona.
La conmoción que aquello provoco en mi fue enorme tanto que ni siquiera me dio tiempo de razonar a un menos de cerciorarme antes de finalmente atravesar aquella carretera y así ante mi imprudencia estuve casi a punto de ser atropellada.
