Capítulo 1 Capítulo_1

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Los ánimos estaban muy alterados, jamás podía conseguir que su marido estuviese contento con lo que usará o como se arreglará. Debía ser una muñeca y no hablar de más en las comidas de la empresa a las que eran invitados. Y hablar, había sido el problema esa noche

—Me arruinaste —Piero estuvo a punto de golpearla, pero esquivar a un auto fue más importante en ese segundo.

—De verdad perdóname —Ámbar no paraba de llorar —no me pareció mal…

—No puede ser que seas tan insignificante, —la adrenalina corría por sus venas la furia la frustración enceguecían la razón –¿Por qué tenías que hacerme ver como un idiota?

—No vallas tan rápido…, —el auto zigzagueaba, Piero había tomado de más, y había cometido errores frente a su jefe —¡¡por favor para!!

—Era una oportunidad para una vida mejor, era algo bueno para los dos, por qué todo lo hechas a perder, ¡¡hasta mi vida!!

¡¡¡Cuidado!!! —un golpe violento hizo detener el auto en seco. La parte delantera quedó compactada

Abrió Ámbar los ojos frente al auto, de este salía un humo blanco, un auto color negro con el frente destrozado, --Piero –ella lo busco su esposo estaba inconsciente con un la frente llena de sangre.

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Unos brillos pequeños y redondos cuelan la luz entre sus párpados, suspira, el cuerpo duele como si estuviera lleno de moretones era evidente, tras el accidente que los llevo a estar ahí. Ámbar abre sus ojos pero sintiéndose venir con la pesadez de un sueño profundo, hay un sabor extraño en su boca, traga. Mueve sus dedos para llamar la atención de alguien, siente un agudo dolor en su cabeza.

—Agua —pide pero su voz es un susurro —agua por favor

Una enfermera que pasaba por fuera de la habitación noto el movimiento inusual del paciente, se acerca y ve la mano levantarse y mover los dedos.

—¡Señorita! —la juventud en el rostro le adjudicaba un estado de inocencia, Ámbar tenía solo veintitrés años cinco de conocer a Piero y tres años de feliz matrimonio.

La enfermera que era recién egresada dicho sea de paso, al observar más movimientos de Ámbar abre su párpado y la iris gira hacia la ella —¿¡Despertó!?  —Cloe la enfermera sale a la puerta llamando al médico a grito abierto

—Por favor tengo sed —la mujer pidió nuevamente

—Un doctor por favor de inmediato —salió a gritar a la puerta luego volvió para comenzaba a revisar sus signos vitales.

Unos minutos después un hombre al pies de su cama

—Hola Señora Ámbar Grassi, me presento soy Samuel el médico encargado de su cuidado, ¿Como se siente, señora?- era un hombre de barba blanca pulcramente afeitada está frente a la cama de la mujer.

Trato de recordar cómo había llegado ahí pero solo había pequeños instante en una pequeña reunión con hombres de negocios y mujeres muy elegantes. Después de eso, todo estaba en blanco.

—Doctor me siento fatal, me duele la espalda, las piernas, todo el cuerpo me siento agotada – reconoce Ámbar pues en cada movimiento siente que los músculos se le rompen. Incluso hablar es un poco tortuoso.

—Es natural no ha sido fácil, es un milagro que haya despertado —sonríe el médico, con un nerviosismo presente

—¿Dónde está mi esposo? —Una mirada entre el médico y la enfermera —¿Doctor?… ¿Piero está bien?

—Su esposo… —el silencio fue perturbador, inquietante, el retumbar de su corazón fue fuerte en sus oídos —lo lamento señora su esposo no sobrevivió, hicimos lo que pudimos pero la fuerza con la que salió expulsado de aquel vehículo hizo que se golpeara contra el asfalto, fue muerte instantánea … lo siento

La noticia fue cayendo sobre ella de una manera lenta y dolorosa hasta clavar una espina que quemaba su pecho era él quien llenaba su mundo

—¡No!, —el dolor entro como una aguda punzada —no, no, no ¡no! ¡No! —la desesperación nació en su corazón comenzó a patalear y golpear con los puños en la cama, era el amor de su vida y ahora estaba muerto no podía creerlo. --Piero, no, ¡¡¡Piero!!!… —no quería creerlo

—Cálmese por favor señora Grassi… un tranquilizante –ordena el médico —ahora debe calmarse no es bueno que se altere —la sujeto de los brazos —debemos cuidar al bebé pon el tranquilizante ¡¡ya!! —la enfermera estaba torpe era nueva y estaba tardando en suministrar el medicamento.

—¡¡Piero… no, no está muerto!! —la enfermera metió un líquido en la vía del suero poco a poco toda la ansiedad fue bajando —No, no Piero, ¡¡mi amor no es verdad!! —el tranquilizante comenzó a actuar de manera rápida, las fuerzas se le acabaron.

—Debe tranquilizarse por el bien de su bebé —asegura la enfermera, el doctor le hace un horrible gesto de que ha cometido una imprudencia y que se calle pero es tarde Ámbar a escuchado.

—Yo no estoy embarazada –musita con el tono adormilado. Lleva su mano a toca su vientre y siente anormal el pequeño bulto en su vientre apenas perceptible —¡Un bebe…!-- balbucea Ámbar

—¡Lo está! Felicidades —celebra la enfermera con una sonrisa de oreja a oreja Ámbar pierde el conocimiento preguntando;

—¿Cuándo tiempo ha pasado? —El tranquilizante la haría dormir hasta la siguiente mañana.


Los doctores le explican el tiempo que había estado ahí una vez que ha despertado, ella mira a un punto x sintiendo que nada tenía sentido ya. Samuel habla sobre un hombre de buena voluntad el cual estuvo pagando su atención médica y desea mantener su nombre en total discreción. Volvieron a insistir en que Piero salió por el parabrisas pues no llevaba cinturón de seguridad, cuando llegaron fue demasiado tarde. Un pequeño flash de Piero colocándose el cinturón llegó y se esfumó rápidamente.

—Casi siete meses —repite Ámbar —por eso mismo, yo no puedo tener solo cuatro meses de embarazo. —nada parecía ser real, cuánto lo había intentado con su esposo y ahora despertaba con esta sorpresa. Era mujer que podía concebir...

—Desconocemos señora como ha sido posible eso, incluso ofrecemos disculpas espero podamos llegar a un trato, somos una clínica reconocida un escándalo de este tipo no sería bueno --lo que pensaba Ámbar era aterrador pero la única explicación lógica era que alguien había abusado de ella mientras estaba en coma.

—¿Eso es lo que le importa? —él hombre encogió los hombros.

¿Quién era el padre?, ¿Quién se aprovechó tan vilmente? Había un marea de sensaciones dentro de ella llena de impotencia coraje, tristeza, pero al tiempo alegría, esperanza, ilusión, todo perfectamente licuado entre su estómago y su corazón pero con un ingrediente predominante, miedo. Pero al médico solo le importaba que no dañaran su reputación.

—Todo se solucionara.

—Déjenme sola… ¡¡lárguense!!

La actitud despreocupada de Samuel era detestable pero la vida dentro de ella era la mejor noticia. ¿Si hacia una denuncia podrían quitarle al bebé?

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