Capítulo 2 Capítulo_2

Ámbar aunque era hija primogénita de una de las familias más importante y adineradas de Florencia, Franco Leone y su esposa Antonella de Leone, poseían una cadena de boutiques por toda Italia y una acciones de empresa de textiles, su vida era solo ya un bosquejo de lo que fueron sus padres. A lo más que conservaban era una pequeña cantidad de dinero en el banco y su apellido.

Ámbar y Elisa sus dos únicas hijas eran las joyas de los Leone, criaron a sus dos tesoros con los más estrictos valores. Y la mejor educación esperando que se conviertan en el mayo orgullo.

Pero cuando Elisa tenía 17 años quedó embarazada de un hombre que la abandono sin mirar atrás. El señor al sentirse defraudado la corrió de la casa, a pesar de las súplicas de su madre Antonella no consiguió apaciguar a su esposo.

Elisa era fuerte y salió sin mirar atrás.

Unos meses después al salir a una cena por su aniversario un conductor ebrio arrojo el auto de los Leone por un acantilado, el final fue trágico, al leerse el testamento toda la herencia fue para Ámbar, el coraje que tenía el padre por Elisa tuvo como recompensa dejarla como ya estaba, en la calle. El testamento se había cambiado recientemente.

Ámbar no despreciaba a su hermana así que dividió el dinero, la casa en que se criaron y le aseguro que compartirían las ganancias de la sociedad de la empresa textil, también una suma considerable de millones en el banco. Por alguna razón las boutiques fuera de Florencia desaparecieron o no existían. Elisa hizo su vida muy aparte de Ámbar, le dejo la totalidad de las acciones empresa y la casa, solo se quedó con el dinero que por supuesto no supo administrar. Le pidió a su hermana que volviera a la casa pero no quiso hacerlo.

Ámbar no sabía nada de la empresa aun cuando intento aprender, los demás socios hicieron lo que pusieron para quitarle esa participación, ella no tenía que hacer.

Con su dinero monto una boutique con el dinero que tenía.

Así fue como conoció a Piero, un príncipe de cabello castaño claro casi rubio, ojos color avellana. Este para llamar su atención al verla en la boutique que tenía cuidando del único ingreso que tenía, fingió resbalar y romperse el tobillo para que ella acudiera a su auxilio, y lo consiguió al igual que su número de teléfono y una cita esa misma semana.

Piero le bajó la luna y las estrellas, le ofreció una buena vida llena de amor. La llevaba a restaurantes caros le daba joyas y flores cada vez que podía.

Cuando unieron sus vidas Ámbar le dio autorización a Piero de manejar su cuenta y la boutique. Le dio poder para manejar su fortuna, con la promesa de mantenerla y multiplicarla.

Ámbar se dedicó a ser buena esposa, a lucir hermosa ella tenía bien atendida la casa para Piero y este la mantenía llena de detalles y estabilidad, con el tiempo él fue dejando de ser detallista. Parecía vivir tenso algo en los negocios no estaba bien.

Hasta que él le informo que había pedido todo lo que tenía, invirtió el dinero y algo salió mal. Vendieron la boutique

¿Cómo se haría cargo ahora con un ser indefenso estando sola? No tenía estudios nunca vio la necesidad, se valoraba independiente así tendría que buscar un empleo.


En una de las revisiones que hacía la enfermera pregunto al ver también al doctor acercarse;

—¿Cuándo me dan de alta? —la angustia sería mayor cuando tuviera que enfrentar el mundo ella sola. Pero acepta quedarse en silencio un ser indefenso estaba dentro, no quería ser señalada. Y era quizás la única cosa que le estaba dando una señal de seguir adelante.

—Debemos realizar algunos análisis, tomara algunas semanas – eso parecía extraño, no debería ser necesario su estadía ahí ella podía ir y venir cuando fuera necesario.

—¿Semanas?

—Si, semanas —exclamó el doctor, parecía más una orden que una sugerencia. -- Descanse, en una hora le traerán sus alimentos.

No tenía mucho que hacer mientras transcurría una hora dormito, acariciaba su pancita imaginaba como sería, si en esa carita podría ver al padre. Borro esa idea y el recuerdo de Piero colocándose el cinturón brinco en la oscuridad de sus ojos. Algo estaba mal.

Escucho voces cerca de la habitación, sintió curiosidad, bajo de la cama y se acercó para escuchar, al final del pasillo estaba una enfermera y el doctor que le explicó toda su situación, este parecía preocupado y como si ocultara algo.

—Después de la comida hazla dormir, —no era claro lo que hablan ni de quién ---debe perder la noción del tiempo. Esto se salió de control –el doctor parecía muy molesto –Debiste sedarla no llamarme, si ellas nos demandan estamos perdidos.

—Lo siento doctor —La enfermera tenía la cabeza abajo – por favor no me despida necesito mucho el trabajo

—Debería hacerlo, esto nos puede costar la cédula

—No, Doctor mi mamá está muy orgullosa de mi

—Niña tonta —apretando la quijada sentía deseos de insultarla, y despedirla pero eso también traería problemas, serían dos las demandantes. —No debería haber despertado y si así fue debía seguir sedada por unos meses más deje la indicación puesta en la hoja de enfermería… —la voz del doctor mientras seguía discutiendo fue haciéndose más pequeña.

Ámbar comprendió que hablaban de ella, si permanecía ahí la siguiente vez que despertará ya no tendría al bebé,

No sabía de quién era, ni que haría con el pero sabía que deseaba tenerlo más que nada en el mundo y que ahora que estaba cerca de su corazón no permitiría que se lo quitará.

El ruido de unas llantitas de un carrito se aproximó, esa conversación encendió su alarma esto no le daba confianza. Busco con la vista algo que pudiera servirle para defenderse, la habitación estaba vacía, le costaba moverme lo hacía lento, sus piernas estaban tullidas, volvió a la cama.

—¿Como se siente?

—Mejor  —la enfermera coloco frente a Ámbar un poco de fruta, un recipiente de vidrio con flan y un vaso de agua, los cubiertos eran de acero. Mientras comía todo el tiempo la enfermera estuvo ahí cuidando.

Por momentos solo pico la comida fue difícil ingerir, sentía un malestar por todo el esófago, como si no estuviera acostumbrada, como si hubiera pasado más de seis meses.

Cuando termino de comer Ámbar se dejó el cuchillo entre las sábanas de cama, la enfermera retiro el plato y saco de su bata una jeringa con un líquido.

—¿Qué es eso? —pregunto Ámbar con normalidad.

--Medicamento, todo está bien es algo de rutina —solo dejo que la enfermera introdujera la aguja en el suero

—No, nada está bien —saco el cubierto de entre la bata, la clavándolo sobre su misma costilla –aléjate de aquí,- Ámbar se arrancó el catéter del brazo

—¡Ya, calma!  —exclamó la enfermera, dio unos pasos atrás pegándose a la pared

—¡Inyéctatelo! —ordenó Ámbar caminando a la puerta.

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