Capítulo 6 Capítulo_6

El aire fresco que esperaba recibir se convirtió en gas metano, no tenía respuestas y si más dudas. De camino a casa de su hermana observo un letrero que llamo su atención

“Solicito Recepcionista”

Era un restaurante enorme, y muy elegante, entro a investigar.

Era sencillo, revisar la reservación al confirmarla, llevar al comensal a su lugar, recibir abrigos y sombreros, ser honesta y confiable ser puntual. Mientras le enumeraba el sin fin de aptitudes Ámbar pensaba en que tenía un hijo en su vientre, debía conseguir dinero para poder decírselo a su hermana.

—Acepto el trabajo, ¿Cuándo puedo empezar? —Ámbar estaba deseosa de comenzar entre más pronto lo hiciera más rápido podría cobrar y contarle a su hermana de su bebé, y si pudiera ayudarla a juntar dinero para los tratamientos de Dylan también lo haría. Había notado a su hermana sería con ella, quizás fue solo imaginación suya y la causa era el estado de salud de su sobrino.

—Venga mañana a las ocho en punto —respondía la mujer alta, delgada y con cara de prepotencia, la había examinado desde el desalineado cabello, la arrugada blusa y los informales pantalones deportivos.

—¿No puedo comenzar ahora? —La mujer suspiro tratando de controlar una respuesta inoportuna

—Necesitamos que vengas con ropa formal la imagen es muy importante.

—Si, es verdad lo entiendo.

Tendría que ir a su casa para buscar sus cosas, no eran de la misma talla con Elisa y seguro nada le quedaría, no tenía dinero para comprar ropa y tampoco como pedir un préstamo.

—Todo sea por ti —murmuro, Ámbar se fue de inmediato para su casa, con un poco de suerte encontraría la caja aún con el poco dinero que tenía ahorrado lo cual serviría para colaborar con el gasto de la casa de Elisa, así dejaría de sentirse como una arrimada.

Desde la esquina de la cuadra observo si es que hubiese algún movimiento extraño algo inusual coches o personas que no recordara del vecindario.

Al ver que todo parecía normal se dirigió para entrar por la parte de atrás de la casa, esperaba que no hubiesen ya hecho algo con la propiedad.

El jardín estaba seco, descuidado, sus margaritas y azucenas sin rastro de ellas en la tierra. Ese jardín estaba lleno de amor siendo que era su pasatiempo favorito. Un amor muerto, tan muerto como Piero.

Dentro de una maceta colgando cerca de la puerta tenía oculta una llave. Tuvo que meter las manos en la tierra para poder encontrarla, pero lo hizo.

Entro despacio, de inmediato los recuerdos llegaron como una bola de nivel sumergiéndola en una avalancha de emociones.

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Piero la llevo ahí en su auto, una semanas antes de casarse la llevaba con los ojos vendados.

—¿A dónde vamos?

—Eres una mujercita muy desesperada, te he dicho que te tenía una sorpresa

La ayudo a bajar del coche, la guío despacio por el pequeño caminito de piedras que tenía la entrada,

—Aquí hay dos escalones mi vida

—Okey —ese día Ámbar se colocó unos lindos zapatos blanco de plataforma alta que combinaban perfectamente con ese vestido de flores que había escogido.

Subió, dos pasos

—Espera —se escuchó el tintinar de una llaves un clic y un suave viento chocando contra ellos.

Un aroma a flores la inundó y creyó haber llegado a un invernadero o un huerto

—Dame tus manos —ámbar agitó sus piernas y extendió las manos –ven conmigo

Piero la hizo caminar enseguida le dio la vuelta para que ella entrara por delante pero el siendo cuidadoso la abrazo por la espalda

—Huele delicioso

—Espero te guste, es pequeña pero siempre tú y yo la llenemos de amor no importara nada más —Piero retiro la cinta de sus ojos dejándole ver el interior de una lujosa y pintoresca casa que en efecto era pequeña. Hecho que jamás le hubiera importado a Ámbar ella era capaz de dormir debajo de un puente siempre y cuando Piero estuviera junto a ella.

—Es hermosa —todo el lugar estaba lleno de flores por eso el olor. -—Te amo Piero

—Y yo a ti, ¿te gusta dónde vamos a vivir?

—Me encanta —cada habitación fue mostrada y dicho que él había escogido la decoración la pintura y todo, pensando en solo agradaría. Solo porque la amaba

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Ámbar no podía creer en las mentiras de su suegra él no era así, él la amaba.

Subió despacio las escaleras todo el lugar olía a humedad y estaba lleno de polvo y de muchas telarañas.

Llego hasta su habitación todo estaba tal y como había quedado aquella noche antes de salir a la fiesta de la empresa.

Se acercó a la cama y busco debajo de ella una caja de madera. La jalo no era muy grande, dentro tenía una pequeña delgada de chocolates, la tomo al abrirla encontró el dinero que tenía.

Tomo una maleta del armario y comenzó a guardar su ropa se dio cuenta que se estaba demorando mucho ahí adentro.

La perilla de la puerta del jardín trasero se giró dos hombres vestido de enfermería entraron a la casa.

La maleta estaba lista, antes de salir de la habitación recordó algunas joyas que tenía, podía venderlas para obtener más dinero. Dejo la maleta junto a la puerta y volvió a su tocador, del segundo cajón saco un alhajero, series de imágenes lloviendo como recuerdos hasta que el brillo de una estrella rosa destelló.

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La noche era fresca y despejada, llena de estrellas la cena en el escenario más romántico, una terraza en el restaurante más caro de la ciudad, el balcón adornado con guías de flores.

Damas de noche, flores que solo abren su belleza y aroma una noche en todo el año y justamente esa noche adornaban el momento.

Música lenta, baile suave, pegaditos, besos en el cuello y palabras endulzando el oído.

—Ninguna de estas flores superan la belleza de mi acompañante, amo el sabor de tus labios y la suavidad de tu piel. Eres más brillante que cualquier estrella,

—Eres mi Romeo

—Eres el amor hecho mujer la fantasía tangible de cualquier hombre. Y fui yo quien quedó vendió con tu amor.

De pronto el mostró un pequeño brazalete de diamantes, eran piedras cultivadas, su valor no era del todo exorbitante, pero había sido un gasto considerable.

—Oh Piero es hermoso —una pequeña cadena sostenido estrellas de varios colores.

—Nada es más hermoso que tú

Ahora la pequeña pulsera estaba alrededor de la muñeca, y sus labios entregándose en un dulce beso que hacía a Ámbar temblar de la cabeza a los pies.

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