Capítulo 7 Capítulo_7
~~~~~
Eran pocas las joyas que Piero le obsequio, no era de los que regalaban joyas, era de los que la llenaba de flores, de bailes, de cenas, de momentos, de vida. De palabras que mantenían contenta su alma.
—Nunca me engañaste, yo sé quién eras
Un crujido se escuchó proveniente de las escaleras. Ámbar abrió un poco la puerta y observo el cabello de un hombre subiendo al segundo piso. Había solo una salida. Guardo el alhajero en la mochila abrió la ventana observo que lanzarse era provocar un accidente. Una reja de madera cubierta por una enredadera seca era la única manera de bajar sin lastimarse.
No tenía mucho tiempo para perderlo pensando. Arrojo la maleta al piso saco una pierna se sujetó de la reja con su mano izquierda. Si caía podía ser fatal, la altura quizás no era gran cosa pero ella odia ver hacia abajo, además no estaba dispuesta a perder lo que ahora tenía manteniendo su vida a flote. Suspiro, coloco firme el pie y saco el resto del cuerpo, al hacerlo la puerta de la habitación se abrió los hombres entraron para tratar de atraparla.
Ella bajo tratando de ir rápido, tomo la maleta y comenzó a correr, no sabía quiénes eran pero intuía que querían llevarla de nueva cuenta al hospital, apenas salió de los linderos de la propiedad uno de los hombres salían de la casa por la puerta de atrás, los ojos de Ámbar se abrieron, estaba pisando sus talones.
Corrió por la calle, volviendo hacia atrás por el camino en que había llegado, pero sus piernas no corrían tan rápido como para ganar las zancadas del tipo.
El enfermero la tomo de los hombros y la derrumbó y al tiempo también se fue al piso con ella.
—Suéltame… déjame —Ámbar lo pataleaba y lo empujó… —¡Ayuda! —grito a lo que él le cubrió la boca mientras ella seguía pataleando y golpeándola para que la soltase pues ya estaba casi por completo sometida con todo su peso sobre ella, abrió su boca y eso sirvió para que un dedo entrara entre sus dientes. Con toda la fuerza de su mandíbula mordió a su agresor.
Él le quitó la mano de la boca gritando de dolor pero no la soltaba de la muñeca, comenzó a lanzarle insultos Ámbar se estiró hasta alcanzar una piedra y sin remordimientos le dio un golpe en la cabeza —¡¡Dije que me soltaras!! —Solo le reventó la piel pero no era nada de cuidado. Se fue hacia atrás para salir de debajo del hombre se puso de pie.
El otro enfermero veía detrás media cuadra este era más lento por tener algo de sobrepeso, llegó hasta la esquina, giró a la derecha sin parar de correr. Llego a una avenida alzó la mano al ver un taxi
—¡Taxi!, ¡Taxi, taxi! —cuando se detuvo ella subió —¡arranque! me quieren asaltar —dijo antes de cerrar la puerta.
El hombre piso hasta el fondo para alejarse lo más rápido al ver a dos tipos uno gordo y otro lleno de sangre correr tras de ella.
—¿Se encuentra bien?
—Si, muchas gracias —aspiraba rápidamente, con su voz entrecortada hablo —por favor conduzca yo le voy diciendo por dónde. —traía todo con ella, su ropa y sus joyas.
El enfermero gordo llamo de inmediato a un número
—Señora Víctor se le escapó ya le teníamos y él la dejo ir.
El aludido con la sangre corriéndole por la mejilla miro con extrañeza y coraje, como Fabián se lavaba las manos.
***.
Después de unas vueltas por la ciudad asegurándose de que no la siguiera llegó a casa de su hermana.
Llamo a la puerta, en dos segundos está se abrió, Elisa estaba detrás de la puerta esperando por ella.
—¿Dónde estabas Ámbar?, Me tienes en una angustia —la apretó en un abrazo
—Fui a caminar, conseguí empleo y tuve que ir a casa por mi ropa no tengo que ponerme, no puedo quedarme y tampoco quiero ser una carga para ti.
Ámbar camino hasta la sala aún estaba temblando
—No eres una carga, Ámbar espera te veo nerviosa, pálida ¿qué pasó?
—Termine huyendo de unos tipos Elisa, entraron cuando yo estaba recogiendo mis cosas. Algo está pasando y no sé qué es, antes de huir del hospital escuché que quería tenerme dormida, hay algo que no te he dicho y no sé cómo lo vas a tomar…
—Creo que necesitas calmarte, estás nerviosa y vez cosas… espera ¿escapaste del hospital? —por la mente de Elisa paso la idea de que lo sucedido la había vuelto loca.
—No me estoy inventando las cosas, te estoy explicando que fue por mi bien.
—No dije eso, pero no tiene sentido por qué querrían tenerte dormida. Mejor ve y descansa te prepararé un poco de té, estás temblando.
Elisa no quería escucharla, y cualquier cosa que diría sería puesto en tela de juicio.
—Voy a dormir en la sala está noche, necesito descansar, y quitándote tus habitación no lo hago.
—No, —Elisa la tomo de la mano —ven desocupe una habitación llena de triques, mandé traer una cama. —Ámbar se sorprendió, habría pensado que Elisa ya no tenía dinero, pero quizás ella supo administrarlo
—No deberías gasta, menos en mí.
—No eres una carga Ámbar, eres mi hermana vamos déjame mostrarte.
La llevo a una habitación la cual era obscura, no tenía ventanas, el olor a humedad le llegó con una bocarada de aire, no era muy grande pero así todos tenían su espacio, si Elisa aún tenía dinero por qué no consiguió algo mejor.
—Se qué te parece un sótano pero mi casa no es muy grande. Este es el único lugar que puedo ofrecerte
—Esta perfecto —Ámbar observo la cama cubierta con sábanas de hilos tejido. —esto debió costarte demasiado
—La compré en un mercado de artesanías, súper económica. Voy a preparar la cena --eso era obvio una persona con la situación de Elisa no podría comprar algo de calidad, pero la imitación de esta tela era suavidad pura. La noche anterior las sábanas se sentían igual solo que estando en shock apenas les dio importancia
—Yo te ayudo.
Ámbar salió para la cocina. La cena fue tranquila y en silencio, en menos de dos hora ambas fueron a dormir.
