Capítulo 22 EN EL COCHE ES MAS SABROSO

ADELE

Reid llenó el coche de un silencio dorado, podía oír los latidos de mi corazón en mis oídos. Lo miré de reojo, sus labios se dibujaron en una mueca y sus ojos grises estaban llenos de impaciencia; con una mano se rascaba la mandíbula afilada cubierta de una barba incipiente bien recortada. Es...

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