Capítulo sesenta y tres

La cabeza de Bridget se alzó para ver quién había entrado. Tenía los brazos y las piernas sujetados a la silla, junto con una correa alrededor del cuello que la mantenía en su lugar. Un pañuelo le servía de mordaza, pero la tela no impedía que la comisura de su boca se curvara hacia arriba. Gloria c...

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