CUARENTA Y NUEVE

La miré y estallé en carcajadas, lo que la hizo mirarme confundida. Su frente se frunce mientras yo sigo riendo.

—¡No sabía que eras una bromista, Charlotte! ¡Tonta, me hiciste reír! Pero sí, gracias por el pequeño entretenimiento, ¡lárgate!

Después de decir eso, me alejé de inmediato y la dejé at...

Inicia sesión y continúa leyendo