Capítulo 7 7. Mis aposentos

7 Mason

Pude averiguar con mucha facilidad donde vivía, pero no quise abrumarla, averigüe, toda su vida en menos de media hora con mi futuro Beta, es un viejo amigo de la infancia y tiene mucho parecido a Alaric en carácter, será mi segundo al mando por ser muy bueno en lo que hace. Y eso es controlarme y aconsejarme.

—¿Estás seguro de que quieres hacer esto? —pregunta Vlad.

—Es mi mate, claro que estoy seguro —le respondí al mirarlo a los ojos.

La fiesta de ayer, aunque improvisada salió bastante bien. Era justo lo que quería.

—Oye. No culpes al mensajero —levantó la mano en rendición.

—Yo…

No pude seguir hablando porque Adolfo, el beta de mi padre me interrumpió.

—¿Estaban ocupados? —pregunta con tono bajo y de disculpa— tu padre exige tu presencia en el salón de uniones —me habla acomodándose los anteojos.

Quería visitar a Adara antes de que llegara a su turno en la casa. Si es que viene, pero me parece que será imposible y más ahora que mi padre está tan furioso conmigo luego de anunciar que no me casaría nunca con Daniela, que es mejor no hacerlo esperar.

Adolfo en cambio se veía… tranquilo, y eso no me gustaba nada, sin embargo, lo dejé pasar, no tengo tiempo para esto.

—En cinco minutos iré —le contesté dándole la espalda y viendo a Vlad de nuevo.

—Alfa, juega con fuego —me mira de manera honesta mi buen amigo.

Si algo tiene Vladimir es que siempre me habla con honestidad, sin importarle que sea el alfa, por eso le elegí como mi beta, necesito que me respeten, pero también que me hablé con la verdad.

—Lo sé, pero ese hombre jamás me ha gustado —comento con una sonrisa traviesa.

—Vamos a la sala de uniones, es hora de que te hagas cargo de todo —me incita mi beta.

Está semana será algo dura, pero es la clave para ahora tener el mando y poder estar con mi compañera… solo debo convencerla de que deje a Alaric y se quede conmigo.

En la sala de uniones es donde mi padre se sienta a escuchar los pedidos de matrimonio de la gente, nos gusta saber quién se empareja con quién y si tienen disponibilidad de mantener a su pareja a salvo y con lo necesario.

También resolvemos cualquier otro problema entre los lobos de la manada, pero normalmente nos llevamos todos bien.

—Quiero pedirle que una en matrimonio a mí hija con Freddy, es un Omega humilde —escucho que la mujer dice sin percatarse de qué llegó alguien más a la sala.

—¿En dónde está tu hija, Santa? —pregunta mi padre viendo a la puerta esperando ver a la joven loba que se casará.

Solo estaban un chico joven y la madre de la muchacha, según veo. Vlad se queda detrás de mí esperando cualquier orden.

—Ella no pudo venir, pero por eso vine yo —dijo de manera tranquila, pero sus ojos estaban inquietos.

—No es lo común que la novia del muchacho no esté para pedir el permiso de casarse —opiné interrumpiendo la charla entre mi padre y la mujer.

—Alfa Mason, felicidades por su puesto —la omega hizo una reverencia y vi la marca en su cuello.

Es de los rezagados de White Moon, todos ellos llevan una pequeña marca de luna invertida en su cuerpo.

—Gracias —incliné mi cabeza para corresponderle— pero dime, ¿por qué tu hija no está aquí con su novio?

—Está… trabajando, Adara es muy trabajadora ¿Verdad, Fred?

—Sí, es una buena loba —respondió el tal Fred.

Sentí una furia cegadora en mi interior al escuchar el nombre de mi compañera, mi lobo se agitó queriendo arrancarle el cuello al imbécil omega qué cree que puede casarse y marcar a mi pareja.

«Es nuestra» gritó Malaquías en mi cabeza con un rugido feroz.

—No —respondí, con dientes apretados.

Ejercía una fuerza incomparable, que mis dientes chirriaron amenazando con romperse.

—¿Perdón? —pregunta la mujer frente a mí abriendo los ojos desmesuradamente.

—¿Por qué no? —pregunta mi padre viéndome un tanto confundido.

Mis puños se apretaron y soltaron para liberar un poco la tensión acumulada, mientras Malaquías me pedía la sangre de mi enemigo.

Hice sonar mi cuello para tratar de tranquilizarme, fue un caso perdido.

—La novia no está ¿Y si no quiere casarse? —les pregunté— no quiero poner en duda tu palabra, Santa, pero si me gustaría ver a tu hija pedir la unión.

—Me parece justo —dijo mi padre, pero sabía que no me creía del todo— sabía decisión, futuro alfa.

—Mañana puedo… traerla, ella vendrá —asegura Santa un tanto indecisa según mi punto de vista.

—Que así sea —sentencié.

Santa y el tal Fred se fueron momentos después.

—¿Por qué negaste esa unión? —indaga mi padre sin rodeos.

—Ya te dije. La hija no está —me encogí de hombros tratando de parecer relajado.

«Quiere quitarnos nuestra compañera, mátalo» me pide Malaquías desesperado y asustado por que nuestra compañera no nos quiera.

—No me convence mucho eso —concluye— de todas formas, debes venir todos los días, sabes que este no solo es la sala de unión, sino también para escuchar las quejas de tu manada y resolverlas.

—Lo sé y aquí estaré todos los días —aseguré.

—Pues bien, te dejo, debo hacer una revisión de la frontera. Han visto a varios vampiros rondando la zona y no me gusta nada.

—Eso si es acción. Déjame acompañarte —le pedí.

Es lo que necesitaba para sacar la adrenalina y la rabia del tal Fred.

—No, prefiero que te quedes, no todos los días como alfa hay acción, Mason —me advierte mi padre— decidiste el camino difícil, así que te quedas.

—Es tu manera de castigarme por no querer casarme con esa loba que no es mi compañera —recalqué.

—Pudiste decírmelo, y eso no hubiera pasado —me dice con un tono rencoroso por no hacer lo que él me dice.

—Cuando lo hablé no quisiste escucharme. Así que fui por el plan B —le dejé claro.

—Tienes razón en eso, de todas maneras me iré con Adolfo a la frontera, tú y Vlad se quedan aquí —ordena.

—Sí, alfa —dijimos Vlad y yo al mismo tiempo.

En cuanto mi padre se sintió satisfecho con sus órdenes se retiró y yo me giré para ver a Vlad.

—No —me dijo sin permitir que abriera la boca.

—Es injusto. No sabes que diré —le recordé.

—Acaso quieres o no quieres que vaya a averiguar todo sobre Fred y Santa —me señala.

—Es posible —le dije como si nada— ve y averigua qué yo me quedo y así ninguno falta a sus deberes.

—Tu padre dijo que nos quedáramos ambos —me recuerda.

—Y yo te dije que averiguaras y luego vuelves y nadie se va a enterar —hablé despacio.

Resopló, negó con la cabeza y se resignó a ir, como debió ser desde un principio.

Me quedé solo cinco minutos cuando llegó una pareja y lo que seria mi día a día a partir de ahora comenzó.

Casi al mediodía se me acercó una delta muy bonita haciendo ojitos y jugando con su cabello.

—¿Desea almorzar aquí o en el comedor? —pregunta tranquilamente.

—Creo que quiero comer en mi habitación —dije despacio y vi su mirada resplandecer— dile a la omega Adara que sirva mi almuerzo en el balcón, quiero dos filete de carne término medio con dos guarniciones diferentes.

—¿La omega? —pregunta, y ve mi cara de pocos amigos— claro, alfa Mason como usted ordene.

Luego de que se fuera atendí a dos personas más dándole tiempo a Adara de colocar la mesa, pero no tan tarde para que se escabullera, quería hablar con ella, oler ese aroma que es tan ella, quiero… demasiadas cosas para contar.

No había visto a Alaric desde nuestro enfrentamiento la noche anterior, y creo que es mejor así para poder enfriar mi mente.

Cuando llegué a mis aposentos encontré un menudo cuerpo acomodando los platos en la pequeña mesa, cerré con mucho cuidado tratando de no activar sus sentidos agudos y poder observarla un poco más.

No quiero que se vaya nunca de esta recamara.

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