Capítulo 5 Casados

Se casaron tan solo dos semanas después. Trevor invirtió el dinero necesario para que la celebración se llevara a cabo en el menor tiempo posible y en la mayor intimidad.

El abuelo de Trevor aceptó participar en la boda porque al conocer a Brianna le pareció una chica dulce y simpática, muy diferente a la anterior prometida de su nieto.

Ya antes lo había obligado a que se casara con Naomi Morgan, una antigua novia de Trevor que resultó estar mal de la cabeza. Por sus exigencias, casi lo lleva a la muerte, ya que por culpa de esa mujer estuvo a punto de perder la vida.

Por eso el hombre había decidido no volver a insistir en el asunto. No estaba muy a gusto con este segundo intento de Trevor, pero igual lo dejó encargarse de todo.

De parte de Brianna tan solo estuvo presente su madre y la niñera de su hijo, para darle una mano con el cuidado de George.

Y por parte de Trevor estuvo presente su abuelo, quien estuvo en sillas de ruedas y acompañado por un enfermero, ya que su condición era delicada. También asistió su socio Todd Sonett, que parecía no abandonarlo ni en las buenas ni en las malas, y Virginia, una empleada de la mansión Harmon que llevaba muchos años de servicio y se había convertido casi en familia. Trevor la veía como una tía.

La ceremonia fue bonita y sencilla, teniendo al final una cena y un brindis. Los únicos invitados en retirarse al final fueron Todd, el enfermero y la niñera. El resto viviría con ellos en la mansión como lo habían estipulado en el acuerdo prenupcial.

A Brianna y a su familia le asignaron habitaciones en el ala este, que daban a un hermoso jardín plagado de crisantemos y claveles. Su madre estaba encantada con el lugar, aunque no dejaba de sentir recelo por lo sucedido esa noche.

—De todas las locuras que has cometido en la vida, hija, esta es la peor —habló mientras revisaba a su nieto, que dormía con tranquilidad en su cama/cuna.

La joven respiró hondo mientras colgaba en una percha su bello vestido de bodas. Se trataba de una fina pieza de organza con escote tipo Bardot de color celeste y aplicaciones de flores y perlas. Nunca había usado un traje tan elegante y hermoso en su vida, por eso estaba encantada con él.

Ese había sido uno de los tantos regalos que Trevor le dio por haber aceptado casarse.

—Lo sé, mamá, pero lo necesitábamos.

Kendra Griffin resopló con molestia.

—Hubieses dejado que perdiéramos la casa por las hipotecas. Yo estaba dispuesta a irme luego a un geriátrico y tú podías alquilar un lindo apartamento en el centro.

Ahora fue Brianna quien resopló divertida y se acercó a ella para sentarse a su lado.

—Ningún geriátrico es barato, a menos que sea uno popular abarrotado de ancianos y con escasas comodidades. Y yo hubiese tenido que vivir con George en un piso diminuto, sin calefacción y sin niñera. Mis ahorros no iban a ser capaces de cubrir esos gastos además de las quimioterapias y el resto de los tratamientos. Entonces, madre, ¿te sigue pareciendo esta una mala decisión?

Señaló la amplia habitación, que incluía un cómodo salón privado y un área de juegos equipada con infinidad de juguetes que George amó desde el primer momento.

Kendra observó el lugar con desánimo.

—No es una mala decisión, pero sí una locura. Ahora estás atada a ese hombre de por vida, un sujeto a quien no conoces y quien pudiera tratarte mal en el futuro.

—Recuerda que esto no será de por vida —dijo con pesar—. Además, en los acuerdos que firmamos hay límites que él no puede cruzar, por más dinero que tenga.

—Es uno de los mejores abogados de Seattle, encontrará las maneras de librarse de cualquier culpa.

Brianna suspiró con abatimiento.

—No tenía más opciones, mamá. Hice lo mejor para ti y para mi hijo. Trevor me garantizó una seguridad que ni en mil años yo hubiese logrado alcanzar por mi cuenta. Acompáñame a disfrutarla mientras dure.

Kendra se irguió y acunó las manos de su hija entre las suyas antes de hablarle.

—Está bien, no te atormentaré más con ese tema. Ya estás casada y ya estamos aquí, nuestra casa está salvada y esperará pacientemente a que regresemos cuando este trato termine. Todas mis terapias están aseguradas y George está feliz bajo un techo seguro.

—Es más de lo que pudimos planificar hace dos semanas.

—Sí, es mucho más, solo espero que esto no te genere otra herida, hija. Ya tienes una muy profunda en tu corazón que sé que no has superado.

Sin decir nada más, Kendra se retiró a su habitación caminando con lentitud. La agitación de ese día la hizo sentirse cansada y un poco adolorida.

Brianna quedó allí, algo perturbada y con los ojos húmedos por lágrimas de pena. Sabía que su madre la había escuchado llorar una hora antes de la ceremonia, cuando se alistaba dentro del baño.

Y es que no pudo evitarlo. Ese día su vida había experimentado un cambio dramático porque aquel matrimonio representó un fin a sus esperanzas y anhelos.

Por el bien de su hijo y de su madre se obligó a apagar la llama que permanecía encendida en su pecho, por ese amor por el que tanto había esperado, pero que nunca dio señales de vida. Por el padre de su hijo.

Debió decirle adiós a ese tonto sueño de mujer enamorada, una que aún amaba a pesar de los golpes recibidos. Esa despedida, aunque fue necesaria, resultó dolorosa. Ahora debía esperar a que cicatrizara y la dejara vivir en paz.

Para no seguir atormentándose con sus recuerdos, instaló dentro de la cuna de su hijo el monitor del baby call que le permitiría escucharlo desde la distancia, y salió de su habitación en dirección al despacho de Trevor.

Quería verlo antes de dormir y así conversar un rato con él. Su esposo.

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