Capítulo 6 La petición

Trevor le había dicho, al despedirse de ella esa noche, que se quedaría un rato a revisar los acuerdos de asociación con Nakamura. Aunque faltaban dos semanas para discutirlos con el hombre y su equipo de trabajo quería ser precavido.

Luego de la boda no acordaron realizar una luna de miel ni vacaciones de ningún tipo. Trevor no solo se esforzaba por lograr un acuerdo multimillonario con Nakamura, sino que tenía un amplio grupo de clientes que exigían de su asesoría personalizada.

Él se había convertido en uno de los abogados corporativos más sagaces y eficiente de la ciudad. Lo buscaban, incluso, del gobierno local para solicitar sus acertadas opiniones y gestiones.

Nunca tenía calma, aunque con Nakamura alcanzaría un éxito sin precedentes. Uno que consolidaría su carrera llevándola a la estratósfera, lo haría tres veces más rico y convertiría a su bufete en el más importante de la región.

No podía tomarse sus responsabilidades a la ligera, ni siquiera, por su matrimonio por conveniencia.

Brianna atravesó aquella enorme y distinguida mansión sin poder creerse su suerte. Jamás pensó vivir bajo un techo tan acogedor y fascinante, y todo por haber aceptado la loca propuesta de su jefe.

Mientras avanzaba hacia el despacho, agradeció una vez más el haberse arriesgado a trabajar como secretaria en Harmon y Asociados ignorando el título profesional por el que había luchado con ahínco años atrás.

Ya llegaría el momento en que le diera verdadero valor a su carrera, ahora debía velar por la seguridad de los suyos. Sin eso, nada de lo que hiciera serían acciones acertadas.

La puerta del despacho estaba apenas abierta. Por una rendija ella pudo ver a Trevor trabajando tras su escritorio. Era más de la media noche, pero él igual se encontraba allí, vestido con partes del traje que usó para la boda.

Solo se quedó con el pantalón y la camisa, cuyas mangas arremangó hasta los codos y dejó varios botones abiertos permitiendo dar un vistazo a su pecho ejercitado, bronceado y velludo. El chaleco, la corbata y la chaqueta descansaban sobre un sillón apostado contra la pared.

Antes de atreverse a entrar, ella tocó la puerta. Él levantó el rostro ceñudo de los papeles que leía, parecía haberse molestado por la interrupción, pero cuando vio que se trataba de su reciente esposa, su cara se relajó y hasta dibujó una sonrisa perezosa en sus labios.

—Entra —le indicó. Brianna enseguida aceptó su invitación y pasó al despacho.

Iba descalza, y vestida con un pijama de pantalón y camiseta de tela ligera y clara. Jugueteaba con el monitor del baby call.

Trevor notó enseguida que ella no llevaba puesto el sujetador. Las puntas de sus senos generosos se marcaban en su blusa de manera provocativa.

Tuvo que apartar los ojos de ese lugar para no perder la razón, pero la tentación era muy grande y él aún continuaba con el deseo a flor de piel desde que la vio aparecer con su vestido de boda entallado y sensual.

Ese día había estado mucho más hermosa que todos los días anteriores, volviendo a su organismo un volcán a punto de erupción.

—¿Qué haces despierta? —preguntó, tratando de fijarse en su cara y no perderse en las provocaciones de su cuerpo.

—Solo vine a desearte buenas noches.

Él sonrió. Debía acostumbrarse a tener a una mujer hermosa y tentadora vagando por los pasillos de su casa.

—Buenas noches, esposa. Espero tengas un buen descanso.

—En la súper cama que hay en mi habitación de seguro voy a hacerlo.

Trevor pensó que su cama era mucho más cómoda, pero en ese lugar ella no lograría dormir nada. Él no la dejaría descansar por semanas.

—Me alegra que estés a gusto con el mobiliario que preparé para ti. Si consideras que falta algo, no dudes en avisarle a Frederick o a Virginia para que se encarguen de conseguirlo —dijo, refiriéndose a su mayordomo y a su empleada de mayor confianza.

—No falta nada, más bien, sobran muchas cosas.

—No escatimé en comodidades para ti y para tu familia.

—Gracias.

Él la observó un instante, degustándose con su cara angelical y dulce. Disfrutó verla a diario en la oficina, cuando trabajaba para él, pero ahora la tendría a cada instante y en cada rincón de su hogar.

Eso podría significar un riesgo, era fácil prendarse de su mirada dulce y de su cuerpo atrayente.

—Me alegra que hayas venido, así puedo darte una advertencia. —Ella arqueó las cejas con cierta preocupación, no esperó que llegaran tan pronto los inconvenientes—. Sé que te dije hace unas horas que mañana estaría todo el día reunido con Todd, para la revisión de la propuesta que le ofreceríamos a Nakamura, pero hay un cambio de planes.

—¿Qué sucede?

—Desde mi época escolar he tenido dos amigos que antes éramos inseparables. Ahora, por culpa de nuestros trabajos, nos distanciamos mucho. Sin embargo, ellos se enteraron de mi boda y hace minutos me llamaron para reprocharme el no haberlos invitado.

La noticia la calmó en cierto modo, había temido que fuese algo peor que complicara su nueva vida como mujer casada.

—¿Vendrán mañana?

—Sí, los invité a cenar. ¿Puedes estar presente?

—Claro, no iré a ninguna parte —aseguró en tono jocoso, haciéndolo sonreír.

—Si gustas, también puedes invitar a alguien.

Ella pensó en Lynette, su mejor amiga y confidente desde la universidad, a quien no veía desde hacía meses por causa de los agobiantes problemas que enfrentaban ambas. Quizás debía llamarla y contarle su nueva y absurda vida actual e invitarla a esa cena.

Ya podía escuchar las carcajadas de la chica por toda la mansión, burlándose de sus alocadas decisiones.

—Lo haré, tengo una amiga con quien me gustaría retomar comunicación. Es muy divertida, te encantará conocerla.

Trevor se sintió satisfecho. Estaba ansioso por adentrarse en la vida de esa mujer, e incluirla a ella en la suya. Una reunión con amigos de ambos podría servir para conocerse más y acercarse.

Tal vez aquel matrimonio por conveniencia con el tiempo pudiese volverse real, si es que lograban congeniar. Él lo deseaba, comenzaba a cansarse de estar solo.

Sintió tan interesante esa idea que no tuvo tiempo de sospechar los problemas que aquella convivencia podría generarle.

Nada le importó en ese momento, solo la comodidad de su nueva y sensual esposa.

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