Capítulo 7 Culpas
Albert Harmon había tenido una vida feliz y satisfactoria, dedicada a su familia y a su empresa, pero desde muy joven fue un fumador compulsivo, por eso desde hacía unos años sus pulmones comenzaron a fallar.
A eso le incluía el hecho de heredar complicaciones cardiacas de sus ancestros, que reducían su vida útil.
Llevaba un buen tiempo viviendo entre la vida y la muerte, sin saber cuándo su existencia llegaría a su fatídico final.
—Creo que ya estamos en los días —dijo luego de recuperarse de una difícil tos que por poco lo ahoga.
—Estás diciendo eso desde hace más de un año —lo retó Virginia, mientras se retiraba de la habitación con actitud altanera para buscarle el caldo de pollo que le había ofrecido, y que según ella, lo ayudaría a sentirse mejor.
Albert ya no le creía.
—Esa mujer me odia —comentó cuando él y su nieto quedaron solos.
—Pero si no hace otra cosa que velar por tu salud —reprochó Trevor—, ya ni se encarga de la casa por atenderte.
—Échala por irresponsable —respondió molesto.
Trevor soltó una risa divertida.
—Ni en mil años se me ocurriría prescindir de ella. Virginia morirá aquí, como todos nosotros. Es parte de nuestra familia.
Albert masculló quejas inentendibles que aumentaron las risas de Trevor. Él sabía que su abuelo se quejaba solo por costumbre, pero jamás dejaría ir a Virginia.
Ella era como una hermana para él, nadie se atrevía a regañarlo y decirle las verdades en su cara sin dejar de quererlo como lo hacía esa mujer.
—¿Qué tal tu nueva vida de casado? —preguntó el hombre antes de toser un poco más, pero esta vez, sin tanto dolor como minutos antes.
—Bien, aunque tan solo Brianna y yo llevamos un día juntos.
—Es una chica linda y tranquila, aunque dicen que esas son las peores.
Trevor sonrió de medio lado, recordando a Brianna y su sonrisa de ángel, así como su cuerpo tallado por demonios de la lujuria.
—Solo el tiempo dirá si cometí un error o no.
Albert suspiró y alzó su mirada al techo. No pudo evitar que sus ojos se empañaran con lágrimas por el efecto de amargos recuerdos.
—Por mi culpa estás en esta situación.
Trevor se aproximó a él buscando su mirada. Al conseguirla, le palmeó un hombro para sosegar la pena que descubrió en sus pupilas.
—Fue mi decisión, abuelo. Tú ya habías renunciado al plan del matrimonio y hasta a la sociedad con Nakamura.
—Porque no quería llevarte a la muerte, como casi lo hago. Se supone que el desahuciado aquí soy yo.
Trevor sonrió con poca gracia.
—No digas eso, y lo que sucedió con Naomi tampoco fue tu culpa, sino un error mío.
—Si no hubiese seguido ese capricho de casarte con ella, conociendo su delicado estado mental, jamás habría sucedido lo del accidente.
—Lo hiciste por el bufete y por los empleados, para garantizarles estabilidad, e incluso, por mí. Esa asociación me convertirá en uno de los mejores abogados corporativos de la ciudad.
—¿A cambio de tu vida? —mascó molesto y giró el rostro para no darle la cara a su nieto.
Trevor respiró hondo antes de hablar. Un año y medio atrás había acordado un matrimonio por conveniencia con su novia de esa época, Naomi Morgan, pero la mujer era algo inestable emocionalmente y, cuando se enfadaba, solía volverse ofensiva y violenta.
Una noche, luego de haber tenido sexo, él decidió regresar a su mansión y no quedarse con ella, necesitaba revisar los papeles de un convenio. Ella se molestó tanto por el desplante que decidió ir con él, insistiendo en que lo hacía porque había otra mujer esperándolo en su casa.
Discutieron más de la cuenta por el camino, hasta que Naomi comenzó a golpearlo acusándolo de traidor. Trevor perdió el control del auto, haciendo que se saliera del camino y cayera en el interior de un canal de drenaje. Los dos quedaron heridos de gravedad.
—Escucha, juntos planeamos el compromiso y establecimos un acuerdo con Naomi. Nakamura jamás se enteró de la precariedad del estado mental de mi prometida ni del accidente, ni siquiera la conoció en persona, logramos mantener el secreto de lo ocurrido con el personal de mayor confianza. Luego conseguí un reemplazo y seguimos con el plan. Listo. No sigas atormentándote por eso. Nakamura nunca lo sabrá.
—Te dije luego del accidente que te olvidaras de ese plan, que siguieras con tu vida como la habías visualizado antes y dejaras de lado a Nakamura, pero tú lo que hiciste fue buscarte otra mujer para hacerla tu esposa.
—Llevo más de un año detrás de esa sociedad, no iba a perderla por una tontería.
—¡Estuviste a punto de morir!
Un nuevo ataque de tos atormentó al hombre. Trevor ayudó a calmarlo encendiéndole la máquina de oxígeno y recostándolo en la cama.
—Aquí ninguno va a morir, abuelo. A menos, no todavía. Estamos vivos y a punto de alcanzar el éxito —le dijo para serenar aún más sus emociones.
Albert cerró los ojos, con amargura, concentrándose en su respiración para no volver a ahogarse con la tos. El pecho y la espalda le ardían por el esfuerzo.
