Capítulo 3 3

—No pienso dormir en la misma habitación que ella.

Theron no levantó la voz, pero el tono bastó para tensar el aire. Tenía los brazos cruzados y la mandíbula rígida, como si cada palabra le costara más de lo que estaba dispuesto a admitir.

El Gran Chamán permaneció inclinado sobre la mesa de piedra, revisando unos símbolos grabados que parecían más antiguos que cualquiera de nosotros. No respondió de inmediato.

—Ya están unidos —dijo al fin, sin mirarlo.

—Eso no cambia nada.

—Para ti, quizá. Para los Ancestros, no.

Theron soltó una risa seca, sin humor.

—Entonces que los Ancestros se acostumbren.

El murmullo de los ancianos creció alrededor. Algunos intercambiaron miradas incómodas, otros negaron con la cabeza. Nadie parecía sorprendido por su reacción, pero tampoco dispuestos a ceder.

—No puedes ignorar el vínculo —insistió uno de ellos—. Fue sellado bajo su voluntad.

—No fue mi voluntad —replicó Theron—. Fue un error.

—Los errores no dejan marcas como esa.

El silencio que siguió fue pesado. Yo no dije nada. No había nada que pudiera decir que no empeorara la situación.

—No voy a compartir nada con ella —añadió Theron, más bajo, pero igual de firme—. Ni habitación, ni vida.

—Eso no depende de ti —respondió el Gran Chamán—. El vínculo exige cercanía. Si lo rechazas, las consecuencias no serán solo tuyas.

Theron lo miró por fin.

—Me da igual.

—No debería.

La discusión continuó. Las mismas frases, los mismos argumentos, girando en círculos. Ellos hablaban de equilibrio, de tradición, de consecuencias. Él hablaba de elección, de voluntad, de rechazo.

Yo escuchaba.

Cada palabra que salía de su boca era una confirmación más de lo evidente: no me quería cerca. No me quería en su vida. Y ahora estaba atado a mí.

Cuando por fin nos dejaron ir, sentí que el aire volvía a mis pulmones.

Salí sin mirar atrás.

No quería ver su expresión. No quería escuchar otra palabra.

Solo necesitaba un lugar donde nadie me hablara de lo que acababa de pasar.

El baño de la antigua casa ceremonial estaba vacío. Las paredes de piedra conservaban el frío, y el sonido del agua cayendo en la pila era lo único que rompía el silencio.

Me apoyé en el borde y abrí el grifo.

El agua estaba helada.

Me mojé el rostro una vez, luego otra. Respiré hondo, intentando ordenar lo que sentía.

No funcionó.

Cerré los ojos.

Por un momento, pensé que podría quedarme ahí hasta que todo se calmara.

Entonces escuché la puerta.

Se abrió sin cuidado.

Me quedé quieta.

—Theron...

La voz no era la suya.

Selene.

La reconocí al instante.

Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente. Me quedé donde estaba, sin hacer ruido. La puerta estaba entreabierta, y ellos se detuvieron justo al otro lado.

—No me importa lo que diga esa marca —dijo ella—. Dime que esto no cambia nada.

Hubo una pausa.

No larga, pero suficiente para que mi pecho se tensara.

—No cambia nada.

La respuesta llegó sin vacilar.

Sentí algo hundirse dentro de mí.

—Jamás quise esto —continuó él—. No sé qué pasó esa noche, pero voy a arreglarlo.

Selene soltó un suspiro entrecortado.

—¿De verdad?

—Sí.

Otra pausa.

—Voy a romper ese vínculo —añadió—. No importa cuánto tiempo tome.

El silencio volvió a caer, más denso que antes.

—Porque la única mujer que quiero...

No terminó la frase de inmediato.

—...eres tú.

No hubo duda en su voz.

Escuché el sonido de un paso, luego otro.

Después, el roce de sus labios.

Cerré los ojos.

No fue sorpresa. No exactamente. Era algo que siempre había sabido, aunque nunca lo hubiera escuchado de esa forma.

Aun así, dolía.

No lloré.

No había lágrimas.

Solo una presión constante en el pecho, como si algo se hubiera quedado atrapado ahí.

—Sabía que no ibas a dejarlo así —murmuró Selene—. Siempre haces lo que dices.

—Siempre contigo.

Sus palabras fueron suaves, casi íntimas.

No había espacio para nadie más en ese momento.

Ni siquiera para mí.

Abrí los ojos.

El reflejo en el agua me devolvió una imagen que apenas reconocí. No era la chica que había pasado años esperando una mirada suya.

Algo había cambiado.

No sabía cuándo.

Pero estaba ahí.

Empujé la puerta.

El sonido los hizo separarse de inmediato.

Selene dio un paso atrás. Theron se quedó inmóvil, como si no hubiera esperado verme ahí.

Nos miramos.

Primero a ella.

Luego a él.

No dije nada al principio.

No hacía falta.

—¿Ya terminaron?

Mi voz salió más tranquila de lo que esperaba.

Ninguno respondió.

Di un paso adelante.

Luego otro.

Hasta quedar frente a Theron.

Podía ver cada detalle de su expresión. La sorpresa, la incomodidad, algo más que no supe nombrar.

Levanté la mano.

La marca en mi muñeca brilló bajo la luz tenue.

La misma que él llevaba.

—Puedes ignorarlo —dije—. Puedes fingir que no existe.

Giré ligeramente la muñeca, dejando que la luz la recorriera.

—Puedes pasar el tiempo que quieras buscando una forma de romperlo.

Selene no apartaba la vista de la marca.

Theron tampoco.

—Pero mientras siga ahí...

Bajé la mano despacio.

Miré a Selene.

No había odio en mi expresión. Tampoco lástima.

Solo claridad.

—Esto no es algo que puedan decidir ustedes dos.

Volví a mirarlo.

Directo.

Sin bajar la vista.

—No voy a pedirte nada.

No iba a hacerlo.

No otra vez.

—Ni que me aceptes, ni que cambies lo que sientes.

El silencio se hizo más pesado.

—Pero tampoco voy a desaparecer para que esto te resulte más fácil.

Sus ojos se endurecieron apenas.

—No tienes que hacerlo —respondió él—. Yo me encargaré de—

—No.

Lo interrumpí.

No levanté la voz.

No hizo falta.

—No vas a encargarte de nada.

Di un paso más, acortando la distancia entre nosotros.

—Esto no es algo que puedas arreglar solo.

Selene tensó los hombros.

—Eira...

No la miré.

—No estoy hablando contigo.

Volví a Theron.

—Puedes seguir diciendo que esto fue un error.

—Lo fue.

—Puedes repetirlo todas las veces que quieras.

No me moví.

—Pero no cambia lo que pasó.

El silencio volvió a caer.

Más denso.

Más incómodo.

—Así que haz lo que quieras —añadí—. Busca una solución, pelea contra esto, ignórame si te resulta más fácil.

Respiré hondo.

—Pero no esperes que yo haga lo mismo.

Sus ojos se clavaron en los míos.

—¿Y qué se supone que significa eso?

No aparté la mirada.

—Que no voy a seguir actuando como si no existiera.

Una pausa.

—Ni como si tú no fueras parte de esto.

Selene dio otro paso atrás.

Theron no se movió.

—Esto no es lo que quiero —dijo él.

—Lo sé.

No dudé.

—Pero es lo que tienes.

El silencio se estiró entre nosotros.

Nadie habló.

Nadie se movió.

Hasta que él frunció el ceño.

—¿Y qué esperas que haga?

Lo miré un segundo más.

Luego respondí.

—Empieza por soltarla.

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