Capítulo 254 254

Félix los guió y, en cuanto se abrió la puerta, los asaltó el olor metálico y dulzón de la sangre y Minerva hizo todo lo posible por no tener arcadas.

‘¡No!’ gritó Félix con incredulidad mientras corría hacia la cama, dejando huellas ensangrentadas en la sangre que se había acumulado en el suelo.

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