Capítulo 34.

Su cabello caía por su espalda como una larga cortina negra, recogido y trenzado con oro enmarcando su rostro como el halo de un ángel. Y qué ángel era. La bata de seda blanca ajustada que se drapeaba elegantemente sobre su cuerpo, sostenida en su lugar con pequeñas cintas doradas. Alrededor de su c...

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