Capítulo 3 capitulo 3

—Cómo eres nueva, mi consejo es que dejes que te hagan lo que quieran. Si desean follarte por el trasero, permítelo, si te rehúsas entonces te…  —Ella guarda silencio, ganándose una mirada llena de miedo por parte de la joven —. Solo complácelo y ya, y no te lastimarán.

—Si —Asiente sorbiéndose la nariz.

La morena aplana los labios, se valía mentir de vez en cuando. Sobre todo, cuando la chica ante ella era tan ingenua. A pesar de no ser virgen, era evidente que no tenía nada de experiencia en cuanto se trataba de follarse a un tío.

—¿Qué estás haciendo aquí, Serena? —La voz del idiota que siempre las acosaba resonó a sus espaldas, como odiaba a ese sujeto.

—La ayudo a prepararse para que se vaya.

—Eres una jodida entrometida, nadie te autorizo para que hicieras esta mierda. Sal a trabajar, te toca bailar en la tarima, es lo único que debes hacer aquí. No dándotela de consejera.

Serena escucha las palabras de aquel hombre muy cerca de su persona, si decía una palabra más, ese tipo era capaz de golpearla, pero era imposible que no le dijera nada, detestaba su presencia y ni hablar de su asqueroso tono de voz. Pero por su propio bien y posiblemente por el de esa chica, no le respondería.

—Suerte —Le susurra a la joven, de la cual nunca supo su verdadero nombre.

—Claudia, me llamo Claudia —La muchacha le sonríe justo cuando el vigilante toma por el codo a Serena para arrastrarla fuera del camerino.

Segundos después de ese inconveniente, un hombre alto y musculoso ingresa en el camerino. La joven retrocede al ver la imponencia de ese extraño, todo su cuerpo comenzó a temblar ante la cercanía. No sabía que esperar, Serena no le dijo nada de lo que vendría luego.

—Es hora de irnos, ponte esto encima —El hombre le tira una capa roja bastante pesada, aquella tenía una capucha lo suficientemente grande como para cubrir mucho su rostro —Cúbrete con la capucha y sígueme.

Ella asiente, recordando las palabras de la morena, necesitaba ser obediente si no quería que le hicieran daño. Una vez fuera, buscaría las maneras de escaparse y regresar con su familia. Pensó que, jamás volvería a desobedecer a su padre.

Si regresaba con ellos con vida, se los iba a prometer. Tragando saliva, se colocó la capa y abandono ese detestable camerino.

—Mantén la vista en el suelo, solo sigue mis pisadas.

Obedeciendo los mandatos de ese hombre, hizo lo que le pidió. No sabía por dónde iba, ya que todo estaba muy oscuro, pero por la dureza del suelo asumió que era asfalto. Posiblemente una vía o algo así.

En cuanto observo que los pasos del hombre se detuvieron, ella también lo hizo, segundos más tarde la introdujeron en el interior de un coche.

En lo que levanto la mirada, lo primero que sus ojos vieron fue un par de ojos azules que brillaban en la oscuridad, de inmediato sintió terror, sospecho que aquello no sería su escape a casa, sino más bien el camino hacia el infierno mismo…

[…]

Las puertas del ascensor se abrieron y, al hacerlo, lo primero que Casey Monroe observa es él impresionando grabado en la pared de la recepción, eran las iniciales de la ensambladora M&A.

La joven sonríe, cada vez que asistía a las juntas que su padre organizaba sonreía al ver la inicial de su apellido Monroe grabado en aquella pared blanquecina, era todo un orgullo.

Desde luego que la otra inicial se debía al apellido Acrom, perteneciente a Cauther Lance Acrom, el socio y mejor amigo de su padre Rafael Monroe.

Su padre, en compañía de su socio, eran los dueños de las más grandes y famosas ensambladoras de coches deportivos en todo Estado Unidos, hasta tenían una ensambladora especial para la fabricación de los carros para la Fórmula-1.

Las empresas M&A, eran las más vendidas en todo el país, y hasta se podría decir que del mundo.

—Buenos días, señorita Casey, bienvenida.

—Muchas gracias —Le sonríe a la recepcionista.

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