Capítulo 329

Mientras las palabras de Amelia flotaban en el aire, un silencio de asombro se apoderó de la habitación, y todas las miradas se clavaron en ella con incredulidad.

La compostura habitual de Marshall se hizo añicos; su mirada se afiló.

—Así que este es su juego, señorita Tudor. ¿Me guarda tanto ren...

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