Capítulo 363

—¿No decías siempre que la casa de tu hermana es como tu propia casa? —suspiró Lucius.

Amelia no lo dudó. Tomó unos cubiertos para ella y para Ariel, y la invitó a sentarse y comer con ellos.

Ariel se sorprendió; sintiéndose a la vez honrada y nerviosa, se sentó con cautela en un rincón, sin apena...

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