Capítulo 6 Compañeros de clase masculinos
Sophia dijo que habían trasladado a su padre a otro hospital, pero no tenía idea de a cuál.
Por lo que dijo Chris, Amelia supuso que Paxton probablemente estaba con él.
—¿Por qué te lo diría? —se burló Chris, alzando la barbilla—. Señorita Tudor, hace un momento era usted tan valiente. ¿A qué se debe este repentino cambio?
Soltó una risa desagradable.
Amelia se quedó paralizada, con los ojos llenos de lágrimas.
Estaba perdida. ¿Cómo había acabado tratando con un tipo tan despreciable?
En un instante, Chris la soltó y subió a su auto.
Amelia corrió tras él, golpeando la ventanilla, las lágrimas resbalándole por el rostro.
—Chris, ¿dónde está mi papá? ¡Dime!
Chris encendió el motor y condujo despacio para que ella pudiera seguirlo y sufrir. Le agradaba verla hecha un desastre.
—¡Chris, dime! ¿Dónde está mi papá? —la voz de Amelia temblaba, y tropezó, cayendo hacia adelante. Una bocina sonó con fuerza, los frenos chirriaron.
En el último segundo, un brazo fuerte la jaló hacia atrás.
—¿Estás bien? ¿Cómo puedes ser tan imprudente? —un hombre, sobresaltado y preocupado, la sujetó por los hombros—. Amelia, ¿eres tú?
—¿Shawn? —sus miradas se encontraron y ella lo reconoció.
Shawn Jones, un antiguo compañero de clase que siempre competía con ella pero nunca ganaba. Siempre era el segundo, siempre objeto de burlas.
Habían sido rivales académicos durante toda la escuela, hasta el examen final en el que Amelia salió victoriosa.
—¿Qué haces aquí? —Shawn parecía sorprendido.
Al verla así, no podía creerlo. ¿Cómo había terminado la fuerte y capaz Amelia en ese estado?
—¿Puedes ayudarme? —la voz de Amelia sonaba áspera mientras señalaba la camioneta negra que se alejaba—. Ayúdame a alcanzar ese auto.
Shawn no dudó.
La ayudó a subir al asiento del copiloto.
—Abróchate el cinturón y agárrate bien.
Condujo rápido y alcanzó a Chris en minutos.
—¿Quién es? ¿Por qué lo sigues? ¡Casi te atropellan! Es un tipo terrible —Shawn la miró de reojo mientras conducía.
Chris bajó la ventanilla, sus ojos afilados recorriéndolos.
Shawn se puso tenso.
Amelia se aferró al hombro de Shawn, fulminando a Chris con la mirada.
—¿Dónde está mi padre, Chris? ¡No seas tan despreciable! Si le pasa algo, nunca te lo voy a perdonar.
Chris le lanzó una mirada cargada de desprecio, pero sus ojos se detuvieron en su mano.
Ella casi se recargaba en Shawn, pero parecía no darse cuenta.
Los ojos de Chris se entrecerraron al llenarse de ira.
Orilló el auto y bajó de inmediato.
Shawn también se detuvo.
Antes de que alcanzaran a reaccionar, Chris ya estaba junto a su auto, tirando de Amelia para sacarla.
Shawn le sujetó el brazo apresuradamente.
—¡Eh! ¿Qué pasa? ¿En qué puedo ayudarte?
Antes de que terminara la frase, Chris ya se la había arrebatado, prácticamente cargándola para sacarla. Le arrancó el chal de forma brusca y lo tiró a un lado, asqueado de que lo hubiera tocado un hombre desconocido.
—¿Estás loco? ¿Qué te pasa? —Amelia, ahora con un vestido blanco de tirantes, lo miró furiosa. Sin embargo, su enojo carecía de verdadera fuerza, lo que la hacía parecer una gatita enfadada.
Chris se divirtió con su reacción.
—¿Crees que estoy interesado en ti? —se burló, empujándola al asiento del copiloto sin decir una palabra más.
Amelia se quedó callada. Sabía que él la llevaba a ver a Paxton.
Chris manejaba como un loco, acelerando y frenando al azar, como si intentara sacudirse a alguien de encima.
Tras unos diez minutos, Amelia notó algo extraño. En el retrovisor vio el auto de Shawn siguiéndolos a una distancia constante.
Cuando Chris aceleraba, Shawn aceleraba. Cuando Chris frenaba, Shawn frenaba. No podía perderlo.
—¿Quién demonios es él? —gruñó Chris, apretando los dientes.
Amelia siguió en silencio.
—¡Respóndeme! —Su tono era áspero, y toda su actitud, amenazante.
Amelia se estremeció, con lágrimas asomando. Se secó la cara, corriendo su maquillaje.
Al verla así, Chris dejó de interrogarla de golpe y descargó un golpe en el volante.
—¡Mierda!
Al final llegaron a un hospital privado.
Amelia corrió hacia el edificio de hospitalización y averiguó que Paxton estaba en la primera planta. Entró corriendo.
Paxton estaba despierto, y una enfermera lo ayudaba con sus medicamentos.
Su rostro se iluminó al ver a Amelia.
—Amelia, estás aquí. ¿Dónde está Chris?
Amelia no respondió. Corrió hacia él y lo abrazó con fuerza.
—Papá, me alegra tanto que estés bien. Estaba tan preocupada. ¿Cómo terminaste aquí? ¿Te han tratado bien? ¿Cómo son los médicos?
Paxton le acarició la cabeza con suavidad.
—Niña tonta, es todo gracias a Chris. Él consiguió que me trasladaran aquí y encontró un nuevo equipo médico. Dijeron que yo solo...
—El paciente no debería hablar mucho ahora. Que descanse —intervino la enfermera.
Amelia se quedó atónita. Paxton acababa de tener un episodio. Eso significaba que, cuando ella estaba con Chris en el Ayuntamiento, él ya sabía que Paxton no estaba bien y aun así insistió en sacarla de allí. ¿Podía ser tan considerado?
No le dio más vueltas. Ayudó a Paxton a recostarse, conversó un rato con él y lo tranquilizó hasta que se quedó dormido.
Al cabo de un rato, salió de la habitación a regañadientes.
Chris estaba sentado en una banca del pasillo, esperando. Con las piernas cruzadas y el teléfono en la mano, parecía cualquier hombre más, salvo por sus facciones llamativas y su presencia imponente. Pero ella sabía que no debía hacerse ilusiones con él ni darle las gracias.
—Shawn Jones, heredero de la familia Jones y aspirante a piloto de carreras. Con razón logró seguirme el paso —Chris alzó la vista y le lanzó una mirada significativa—. Pero ¿la pequeña familia Jones cree que puede meterse conmigo?
El pecho de Amelia se apretó.
—Solo me lo encontré de casualidad. No te ha hecho nada. Por favor, no le busques problemas.
Apenas lo dijo, se dio cuenta de que podía poner a Shawn en peligro, así que se calló de inmediato.
Conocía demasiado bien a Chris. Como su exesposo, ella sabía perfectamente lo posesivo que podía ser. Aunque no le importara en lo más mínimo, perdería la cabeza si pensaba que ella había tenido un romance durante su matrimonio.
Chris se puso de pie despacio, su alta figura imponiéndose sobre ella.
—Sigue afuera, exigiendo verte.
