111.

En la cabaña tenuemente iluminada, Ibrahim estaba sentado detrás de su gran escritorio de caoba, revisando los informes diarios con una intensidad enfocada. El silencio de la habitación resultaba reconfortante—hasta que la puerta se abrió de repente. Levantó la vista, frunciendo el ceño, cuando Hash...

Inicia sesión y continúa leyendo