112.

Ibrahim caminaba de un lado a otro en su lujosa oficina, con las manos apretadas en puños, las venas de sus sienes palpitando de furia. Su hijo Faraz había cruzado la línea esta vez. Atreverse a pedir acciones de la empresa—qué descaro.

Ibrahim golpeó su escritorio de caoba con la palma de la mano,...

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