CAPÍTULO CIENTO UNO

—Te vas a morir de hambre —susurró Joel.

Esmeralda estaba sentada erguida en la cama, su cuerpo demasiado tenso, mirando fijamente la bandeja de comida intacta.

—No tengo hambre —respondió, su voz plana. Desapegada. Su mirada nunca se desvió para encontrarse con la de él. Ni una sola vez.

Intentó...

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