CAPÍTULO CIENTO DOS

Se levantó lentamente. —¿Qué dijiste?

—Dije —repitió Emerald, deslizándose junto a él sin esfuerzo—, que sangrarás lo suficiente para ser digno de mí.

Esa es mi voz

Ella miró alrededor. —¿No es así?

—No —espetó él—. No eres así.

—Nunca me conociste

Sí te conocí

—Conociste lo que querías ver —...

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