CAPÍTULO CIENTO CUATRO

Un Extraño en Sus Ojos

Tac. Tac. Tac.

El suave golpe en la puerta no provenía de un sirviente. Ya conocía su toque, no importaba cuán ligero o suave fuera, el peso detrás de él siempre hacía que sus hombros se enderezaran.

No respondió.

Él entró de todos modos.

—Me estás evitando—dijo Joel, con...

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