CAPÍTULO CIENTO SEIS

El Viaje

Fue un golpe firme. No impaciente, pero firme, inconfundible, Joel.

Esmeralda permaneció en silencio.

La puerta se abrió con un chirrido a pesar de todo.

Se negó a girarse desde donde estaba junto a la ventana, con los brazos casualmente cruzados sobre su pecho, mechones oscuros cayendo...

Inicia sesión y continúa leyendo