CAPÍTULO CIENTO OCHO

Joel no durmió.

Se sentó y observó cómo los primeros hilos se extendían por las tablas del suelo de madera, dejando largas vetas blancas. El aire dentro de la cabaña se había enfriado, pero él aún hervía bajo su piel, cocinándose suavemente.

Ella no se movió en absoluto durante esa noche. Su manta...

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