CAPÍTULO CIENTO DIECIOCHO

—Ven para mí—gruñó Joel, su voz vibrando profundamente dentro del núcleo de Emerald.

Sus dedos rodeaban su clítoris sin descanso, su grueso miembro penetrándola con embestidas castigadoras y posesivas. Emerald intentó resistir, intentó contener la ola abrumadora que crecía dentro de ella, pero era ...

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