CAPÍTULO CIENTO DIECINUEVE

Emerald despertó con una respiración áspera y entrecortada.

La oscuridad envolvía la habitación, la tenue luz dorada del porche de la cabaña se filtraba a través de las pesadas cortinas. Se incorporó demasiado rápido y las sábanas se deslizaron de su piel desnuda.

Su corazón golpeaba contra sus co...

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