CAPÍTULO QUINCE

EN SU SOMBRA

Su mano se quedó en su espalda, más tiempo del necesario, firme pero curiosamente impersonal. Luego, como si de repente recordara quién era, el brazo cayó y se dio la vuelta.

—Sígueme —instruyó, con una voz fría y carente del fuego que había tenido solo un momento antes.

A regañadien...

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