CAPÍTULO 168

Los alrededores cambiaron y ella se encontraba en un campo de blanco.

No había cielo. No había sol. No había ruido.

Había un océano de flores pálidas, suaves como ceniza, a su alrededor, hasta donde alcanzaba la vista. Ningún viento las perturbaba. Ninguna brisa agitaba el aire. Y sin embargo, Em...

Inicia sesión y continúa leyendo