CAPÍTULO TREINTA Y TRES

EL RECLAMO DEL ALFA

Esmeralda respiraba entrecortadamente, mirando el rostro de Joel mientras su pecho subía y bajaba con su frustrado y no satisfecho deseo; sus mejillas eran una clara señal del rubor que las teñía. Sus manos temblaban a sus costados, sin estar segura de si gritarle o desmoronarse...

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