CAPÍTULO TREINTA Y CUATRO

AHOGADA EN DESEO

Hundida en la bañera, el cuerpo de Esmeralda temblaba donde Joel se inclinaba sobre ella—sus ojos oscuros aún ardían con ese fervor posesivo que le anudaba las entrañas. El agua tibia lamía su piel, haciendo poco por calmar el fuego que parecía asentarse en su vientre.

Su loba gim...

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