CAPÍTULO TREINTA Y NUEVE

Joel se sobresaltó de sus pensamientos al escuchar el repentino golpe en la puerta, que se abrió de golpe. Lynk entró a zancadas, con el pecho agitado y el rostro sombrío.

—Alpha —dijo Lynk, con voz tensa de urgencia—. Tenemos una situación.

Joel se enderezó de inmediato, su lobo atento. —¿Qué suc...

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