CAPÍTULO CUARENTA Y NUEVE

MEDIDAS DESESPERADAS

El silencio envolvía la casa de la manada, como lo hace cuando la noche está en su punto más oscuro. En su habitación, Esmeralda se sentaba junto a la ventana, su corazón cantando en su pecho mientras observaba la luz de la luna derramarse sobre el patio.

Estaba tan preocupada...

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