CAPÍTULO CINCUENTA Y DOS

PROMESAS EN LA OSCURIDAD

Fríos y húmedos, los calabozos bajo la casa de la manada podían ahogar la esperanza de cualquier ser. Esmeralda estaba sentada en el frío suelo de piedra y abrazaba sus rodillas con fuerza mientras su loba caminaba de un lado a otro en su mente. No había dormido, no había c...

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