CAPÍTULO CINCUENTA Y CINCO

UN LOBO PESADO EN MUERTE

Pasaron horas en las que el silencio de la mazmorra, excepto por los repentinos goteos de agua que resonaban en el frío corredor de piedra, permaneció inquebrantable—mucho tiempo después de que Lynk se hubiera ido. Esmeralda estaba acurrucada contra la fría pared, su cuerpo...

Inicia sesión y continúa leyendo