CAPÍTULO SETENTA Y DOS

Joel agarró la muñeca de Emerald, arrastrándola hacia el centro de la habitación con fuerza calculada. Su imponente figura irradiaba una fría autoridad, su lobo gruñendo audiblemente, el sonido vibrando en sus huesos.

—Siéntate —ordenó, su voz afilada mientras señalaba el borde de la cama.

Emerald...

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