CAPÍTULO SETENTA Y TRES

DOMINIO SILENCIOSO

Joel se movía con gracia depredadora, sus ojos oscuros nunca dejaban de mirar a Esmeralda. La habitación parecía encogerse bajo el peso de su presencia.

No dijo una palabra.

El lobo de Esmeralda gimió en su mente, su sumisión palpable mientras Joel acortaba la distancia entre e...

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