CAPÍTULO SETENTA Y SEIS

EL MANDO SILENCIOSO

Su mano delineó su cintura, sus dedos firmes e implacables. Sus labios rozaron su clavícula, como una caricia. No dijo nada. El peso de su silencio se apoderó de ella, girando a su alrededor hasta que lo sintió como un toque propio.

—Joel—susurró Esmeralda, temblando.

No dijo ...

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