CAPÍTULO OCHO

Los hilos dorados del amanecer apenas se filtraban a través de las pesadas cortinas de terciopelo rojo y gris oscuro de la habitación de Joel. Fue al sonido de botas cayendo sobre el suelo de madera, deliberado, el tipo de sonido que quiere atención, que Emerald se despertó. Su cuerpo se tensó, inst...

Inicia sesión y continúa leyendo