CAPÍTULO OCHENTA

LA DECISIÓN

Esmeralda se sentó en el banco mucho después de que Lynk se hubiera ido, con lágrimas corriendo por su rostro sin ser atendidas. El jardín, tan pacífico y hermoso bajo la luz de la luna, no ofrecía consuelo. Su pecho se sentía pesado, su lobo inquieto y dolorido.

—No puedo hacer esto m...

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