CAPÍTULO OCHENTA Y TRES

Construyendo Sueños

Esmeralda se relajó en su abrazo, sus lágrimas empapando su camisa. —No quiero irme— admitió, su voz apenas audible.

—Entonces no lo hagas— dijo Joel simplemente.

Su lobo ronroneó suavemente, su energía envolviéndola como una manta reconfortante. —Se siente demasiado perfecto—...

Inicia sesión y continúa leyendo