Capítulo 54 — No vuelvas a gritarme, Robinson.

La noche se había vuelto helada dentro de la mansión.

No por la temperatura, sino por la fría indiferencia entre Robinson y yo.

Él creía que no me había dado cuenta de que todas las noches, en la madrugada, se levantaba en silencio a responder misteriosas llamadas fuera de la habitación.

Una de e...

Inicia sesión y continúa leyendo