Capítulo 53 Has sido agraviado

Anna se estremeció tan fuerte que casi cayó de rodillas. Su cabeza se movía en frenéticos asentimientos, su voz quebrándose en un sollozo. —¡Lo entiendo! ¡Lo entiendo, señor Lancaster! ¡Fue mi estupidez! ¡Dije cosas que nunca debí haber dicho! ¡Juro que nunca me atreveré de nuevo! ¡Lo siento! ¡Rache...

Inicia sesión y continúa leyendo