CAPÍTULO 109

El frío mordisco del hierro se cerró alrededor de mis muñecas con una finalidad que debería haberme roto. Pero no lo hizo. Me alimentó.

Los guerreros me flanqueaban a ambos lados, sus agarres firmes, como si pensaran que estas cadenas podrían domarme. Idiotas. Podría haberme transformado, desgarrar...

Inicia sesión y continúa leyendo