CAPÍTULO 111

Él estaba allí, congelado, mirándome como si fuera una obra de arte invaluable, como si estuviera esculpida en mármol y envuelta en pecado. Su pecho se agitaba con respiraciones entrecortadas, los puños apretados tan fuerte que los nudillos se le pusieron blancos. Pero eran sus ojos los que lo delat...

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