CAPÍTULO 314

El resplandor no quemaba.

Ese fue el primer milagro.

Me envolvía, feroz y cegador, sí, pero no cruel. No como Tharax. No como la putrefacción. Me sostenía como... como algo sagrado. Como si perteneciera allí.

¿Tharax, en cambio? Gritaba terriblemente.

Observé—con los ojos abiertos, el cuerpo con...

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