49- Café para ti

—Esto no es un secuestro, Helena, ahora baja el paraguas y ven a desayunar.

—No.

—¿Y a dónde vas a ir, eh? No creo que David pueda ayudarte por un tiempo y ya no tienes hogar... —dijo cruelmente.

Los ojos de Helena se abrieron de par en par, dejando caer su mandíbula.

—¿Cómo sabes...?

—Lo grita...

Inicia sesión y continúa leyendo