Capítulo 50

Abrí los ojos, pero todo estaba borroso. Escuché voces familiares, aunque lo que más sentía, después del dolor y la tristeza, era ese toque cálido y lleno de hormigueo que me cubría las manos.

—Ella de veras me va a volver loca —escuché la voz de Layla—. No, ya lo estoy.

—¿Puedes callarte, Layla? ...

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